Su debilidad aparente para caer en las tentaciones es finalmente la fuerza que hace débiles a los otros. La eficacia consiste en resultar vulnerable al deseo. “En realidad soy muy tímida. Lo que pasa es que no sé decir que no”. Es la respuesta justa que esperamos de quien no puede resistirse a nuestra seducción desde su perversa ingenuidad. Excitada sin remedio, a pesar de su predisposición al amor puro.




Sin duda las innumerables Venus, Susanas y Gracias clásicas estarían encantadas de ver a su sucesora en el siglo XXI. En ella se encierra una forma intuitiva, casi irracional de ver la realidad. Con los ojos, con el corazón y hasta con la mente si es que no está demasiado llena de ese tipo de razonamientos que hacen invisibles las cosas que son bellas sólo con mirarlas